Sevilla, protagonista

Sevilla. No solo era la ciudad más grande de la España de entonces, unos 130.000 habitantes, sino que era también puerta de entrada de las Indias. Una puerta que acercaba mundos tan diversos, que podría asimilarse a esas esclusas de las modernas novelas de ciencia ficción que ponen en comunicación dos universos distantes entre sí millones de años luz.

Intramuros, la ciudad se dividía en colaciones, que eran a modo de barriadas dependientes de una parroquia. En la novela, el protagonista de las peripecias del siglo XVI, Andrés, se mueve entre varias de ellas, como la de la Magdalena, donde residía Jerónima de Alarcón, que dará cobijo a Andrés en dos momentos de verdadero apuro, y que es un personaje real relacionado con Cervantes, con quien se especula que pudo tener don Miguel una relación más íntima.

En la colación de San Bernardo, cercana al matadero, que tanta influencia tuvo en la vida de Andrés, vivía la hija del atrabiliario jifero, que trabajaba de matarife en el rastro o mercado de la carne de la ciudad. Esta colación se encontraba fuera de las murallas, al otro lado de la Puerta de la Carne.

Otras colaciones citadas en la novela son la de Santa Cruz, en plena judería, por donde mendigaba la Candelas, madre putativa de Andrés; y la de Santa María, donde funcionaban la mayoría de las imprentas y librerías de la ciudad, que proliferaban por ser mucha la demanda de libros que se hacía desde otro lado del Atlántico.

El escudero de Cervantes y el Caso del poema cifrado